Las madres importan. Siempre importaron. Pero, a menudo, hay que recordarlo. Y más que eso: llegar a las instituciones para que no solo cambie la sociedad, sino también las reglas que le dan forma. Solo así podrá cambiar la realidad de las madres, de las familias, del mundo. Para eso nació y de eso se ocupa Make Mothers Matter, la organización internacional que aboga por el reconocimiento de las madres como agentes de cambio, defendiendo y promoviendo sus derechos y los de sus hijos.
Vulnerables habla con Ángela García Romero, directora de proyectos en MMM, sobre la labor de la organización y el peso invisible que las madres siguen soportando.
¿Cómo definirías Make Mothers Matter?
MMM es la única organización que actúa a nivel internacional para dar voz y defender los derechos de las madres para que estas puedan compaginar sus responsabilidades de cuidado con su vida profesional y personal sin ser penalizadas.
A veces, se asocia MMM con la idea de madres que se quedan en casa, que son amas de casa, pero nosotras defendemos que las madres puedan equilibrar responsabilidad de cuidados y vida personal y familiar como quieran.
Representamos a todo tipo de madre, porque hay tantos tipos de madre como mujeres.
¿Cómo llegaste a MMM?
Por casualidades de la vida. Estaba buscando trabajo, conocí a la presidenta de la de la asociación y fue un click automático.
Eh, eso sí, yo me acuerdo que en mi carrera profesional
Antes de MMM, en mi carrera profesional he sufrido bastante siendo madre en el mundo laboral. Me recuerdo a mí misma diciendo: “Un día haré algo por las madres”.
¿Cuál es tu rol en MMM?
Soy directora de proyectos.
En MMM desarrollamos tres actividades principales: la incidencia política o advocacy ante la Unión Europea, la ONU y la UNESCO, también tenemos una red de miembros que trabaja sobre el terreno con las madres y por otro lado hacemos campañas de sensibilización, como por ejemplo The Momney Project, en el que hemos rediseñado los billetes del Banco Europeo para reflejar las distintas facetas de una madre y su valor económico.
El último proyecto al que le he dedicado más tiempo es la encuesta a nivel europeo, Estado de la Maternidad en Europa, que tiene como objetivo escuchar a las madres para recoger datos sobre su situación y reforzar nuestra incidencia política tanto a nivel internacional como a nivel nacional.
Si tuvieras que definir a una madre en una frase, ¿cuál sería?
Ser madre es dar vida, y dando la vida cambiamos nosotras y nos damos a ese nuevo ser y a la sociedad.
Otras palabras que me vienen a la mente son responsabilidad, multitarea y generosidad no solamente hacia su hijo y su familia, sino hacia la sociedad.
Vuestra visión dice: We believe in the power of mothers to make the world a better place. ¿Qué aliados necesitan las madres para lograr un mundo mejor?
Creo que necesitamos aliados de toda la sociedad, empezando por el estado, por las empresas, por los padres, la familia.
Necesitamos repartir esta responsabilidad tan grande que tenemos las madres y que en tantos casos nos penaliza.
¿A qué obstáculos sociales, económicos, estructurales, se enfrenta una madre hoy en Europa?
En Europa y en el mundo en general nos enfrentamos a obstáculos que son estructurales.
Por un lado, el mundo del trabajo no está en absoluto adaptado a la maternidad ni a la paternidad, Aunque se lancen políticas públicas que parezcan progresistas, todavía queda mucho por hacer y cambiar en la sociedad y sus normas, en las mentalidades anticuadas que nos limitan, muy paternalistas, muy capitalistas.
Vivimos en un sistema capitalista en el que lo más importante es lo productivo, es decir, lo que se ve, lo que añade a la economía capitalista, lo que se puede monetizar, lo que aparece en el PIB. Y no tenemos en cuenta el sistema productivo que da la vida, que cuida y que sostiene al resto de la sociedad. Es un trabajo totalmente invisibilizado que no forma parte del cálculo del PIB.
Por eso tratamos de visibilizarlo. En redes sociales cada vez hay más agentes organizaciones y personas hablando de ese valor social y económico que tiene el trabajo de cuidados.
Estos obstáculos cambian y son aún más agresivos en otros países o sociedades. ¿Cómo trabajáis en las zonas más desfavorecidas para reivindicar la protección de las madres?
MMM tiene una red de miembros en todo el mundo que nos pone en contacto con diferentes realidades, porque, en efecto, no es lo mismo ser madre en Europa, que ser madre en África o en Sudamérica.
Por ejemplo, tenemos muy en cuenta el cambio climático o las infraestructuras, aspectos que hacen que la vida de las madres sea aún más difícil. Y estas realidades las llevamos ante la ONU y la UNESCO, donde MMM tiene delegaciones.
En Naciones Unidas hablamos mucho de salud y del sistema educativo, en la UNESCO del acceso a la educación de las niñas a través del proyecto VOICES DE FI, y del acceso general y gratuito de las mujeres a la educación.
No sé si conoces el proyecto Women carrying things. ¿Cuál es la mayor carga de una madre hoy?
La mayor carga es eso que se llama el trabajo de cuidados no remunerados, el unpaid carework.
Las mujeres que son madres hoy en día trabajan, han tenido un acceso al mundo del trabajo masivo y aportamos económicamente de la misma manera que los hombres, pero también aportamos con ese trabajo de cuidados no remunerados que es invisible. Esa invisibilización hace nuestra salud física y mental se deteriore. La maternidad nos empobrece, porque, al tener esos dos trabajos, tenemos menos tiempo para dedicarlo a esas carreras profesionales que en el sistema capitalista son tan lineales, cuando la maternidad no es lineal.
Salud, economía, paz y educación son las cuatro áreas de actuación de MMM. ¿Nos cuentas un logro importante en cada una?
A nivel de Naciones Unidas, en 2025 conseguimos que se reconocieran las discriminaciones en el mundo del trabajo vinculadas a la maternidad. Así, la discriminación contra las madres ya no es un punto ciego en las políticas públicas, sino una cuestión de justicia social. También contribuimos a la resolución de la ONU sobre los cuidados que se aprobó en febrero de 2024 que exige a los estados miembros que apoyen a los padres y madres en su función educativa.
En 2022, la estrategia europea sobre la pobreza femenina incorporó recomendaciones de nuestro documento de políticas sobre la precariedad específica que enfrentan las madres.
Además, participamos directamente en la directiva europea de 2022 sobre transparencia salarial, y por supuesto en la directiva europea de 2019 sobre la conciliación de vida laboral y familiar, que fue fruto de un esfuerzo colectivo en el cual se incluye, por supuesto, la participación activa de MMM para reforzar los derechos de los padres, madres y cuidadores y promover una mejor conciliación entre vida familiar y profesional.
Relacionado con la violencia obstétrica, en 2019 participamos en el informe Eliminating Violence Against Women on Obstetric Violence.
Desde Vulnerables, tratamos de alzar la voz contra la violencia obstétrica que afecta no solo a madres, también a familias y criaturas. ¿De qué manera otro tipo de violencias también se extienden desde la madre a las criaturas o las familias?
Por ejemplo, la relacionada con la salud mental. En nuestra encuesta del estado de la maternidad en Europa, vemos que una de cada dos madres dice haber sufrido problemas de salud mental, y un 67% están sobrecargadas. Esta pobreza de salud mental, por supuesto, impacta en sus hijos, en sus familias y en quienes las rodean.
También está la violencia económica, el estado de dependencia económica en el que se encuentran muchas mujeres. El gender gap es también una violencia simbólica. Una diferencia que existe porque el poco tiempo del que disponemos las madres al trabajar fuera de casa y dentro de casa, lo que provoca que estemos menos representadas en las esferas políticas y sociales, y por tanto menos escuchadas.
Está probado que la maternidad empobrece, porque cuando una mujer se convierte en madre disminuye sus horas de trabajo para poder ocuparse de sus hijos y acaba siendo más pobre, no solamente en ese momento, sino a largo plazo, porque esto también influye en las pensiones.
En la cita de Christine Lagarde que recogéis en vuestra web, menciona el poder de las madres para garantizar la transmisión de una herencia a las generaciones que vienen? ¿Qué idea de madre crees que estamos transmitiendo a nuestras criaturas?
Creo que seguimos alimentando la idea de la supermujer, de la mujer superdedicada. En MMM defendemos la idea de madres diversas. Hay mucha presión social sobre la idea de madre perfecta, pero no se puede esperar todo de las madres, porque no lo pueden hacer todo. O sí, pero a riesgo de pagarlo con su salud física y mental. Como el proverbio africano que dice que se necesita a todo un pueblo para criar a un hijo, no podemos esperar todo las madres, porque también hay un padre, también hay una sociedad que debe de colaborar.
Las madres deben tener opciones para elegir qué tipo de madre quieren ser, y no ser empujadas a un tipo de madre específico.
Tenemos que preguntarnos qué rol de madre estamos transmitiendo, pero también qué rol de padre. Igual que las mujeres se han incorporado al mundo del trabajo, los hombres también tienen que dar un paso e incorporarse al mundo de los cuidados, que es muy enriquecedor, pero que va en contra del sistema capitalista y productivo en el que vivimos. Los hombres se tienen que despegar un poco de esta mentalidad para incluirse en el rol de los cuidados y que no todo recaiga sobre la mamá.
En ese mismo sentido, ¿cuál es el papel de las madres en la creación de hogares sostenibles no solo en cuanto a hogar=familia, sino en cuanto a hogar=comunidad, hogar=planeta?
Las madres participan absolutamente de la cohesión social. Son centrales, porque por ahora todo el trabajo de cuidados recae sobre ellas. Por eso es tan importante que las madres puedan ejercer todas estas responsabilidades de manera armoniosa y sin ser penalizadas, porque, a pesar de que tienen este rol absolutamente central, después no están presentes en la toma de decisiones de las instancias políticas. Están ausentes porque están ocupadas en este rol de cohesión y de creación de los hogares. Además, suelen ser las que más asumen los efectos negativos del cambio climático.
En cuanto a la salud maternal, desde tu experiencia, ¿qué dirías que está aún por conseguir?
Todo. Primero, desestigmatizar los problemas de salud mental. En general están más normalizados en la sociedad, pero no en lo que respecta a las madres. Por ejemplo, que una madre que acaba de dar a luz no esté bien no es visto con buenos ojos. Se supone que te tienes que alegrar, pero hay muchas mujeres que tras dar a luz, no solamente en las semanas que siguen al parto, sino durante meses, desarrollan una depresión postparto de la que ni siquiera a veces son conscientes.
Debemos mejorar la conciencia sobre estos problemas y su seguimiento, porque no hay clínicas donde se traten. Cuando una mujer acaba de dar a luz, los cuidados sobre todo físicos se centran en el bebé, pero no en la madre, y los problemas de salud mental pasan completamente desapercibidos. Hay que desarrollar estos sistemas de atención y por supuesto establecer ayudas públicas. Hoy, si eres una mujer que ha dado a luz y tienes una depresión posparto, si tienes recursos privados para pagarte un psicólogo y un seguimiento es genial, pero, si no, te puedes encontrar en una situación muy difícil. Todo recae en recursos privados, cuando debería ser una cuestión absolutamente social.
¿Cómo afecta la buena o mala salud de una madre al sostén de la familia y el entorno social?
Afecta muchísimo. En Francia, por ejemplo, una de las primeras causas de mortalidad materna tras el parto es el suicidio.
Una madre que se suicida es un bebé sin madre, de la misma manera que una madre con mala salud mental no va a poder criar a sus hijos de una manera sana.
Y y por mencionar una cita de Alan Grégoire, presidente honorario de la Maternal Mental Health Alliance en el Reino Unido, menciona que el 100% de los niños de 16 años que sufren una depresión ha tenido una madre con problemas de salud mental.
Entonces, por supuesto, afecta muy directamente, por eso hay que cuidar a las madres. Yo misma, como madre, me planteo que cuido de mis hijos, de mi familia, pero ¿quién me cuida a mí?
Esto es como los protocolos en el avión, cuando hay despresurización de la cabina y te dicen que primero te tienes que poner la mascarilla tú y después a los niños. Tendríamos que tener este tipo de mentalidad en la sociedad. Porque, cuando se habla de problemas como la pobreza o la educación infantil, tenemos que mirar primero a la pobreza y la educación de las madres. Si esas madres están bien, están educadas y mentalmente están sanas, van a poder cuidar de sus hijos bien. Por eso es esencial que se cuide de las madres que tienen un papel tan importante en la sociedad.
El año pasado conseguisteis que Naciones Unidas reconociera la ‘motherhood penalty’. ¿Qué significa este reconocimiento para la posición de las madres en el mundo?
Es un paso de gigante, porque da visibilidad y reconocimiento a algo específico que tiene consecuencias concretas que se pueden eliminar. Se reconoce que es real, que no está en la cabeza y las historias de de las madres, sino que tiene consecuencias reales como no llegar a ciertos puestos de trabajo, no avanzar en su carrera o incluso ser despedidas por ser madres.
Además de la política, la empresa también es un actor importante en la mejora de las condiciones de las madres. ¿Qué particularidades tiene una madre como empleada, y cómo deben adaptar las compañías sus políticas laborales para adaptarse a su realidad?
La particularidad principal es que una mujer que es madre tiene, aparte del trabajo productivo, su trabajo reproductivo. Una madre termina su jornada laboral en la oficina y empieza su segundo turno, el trabajo de cuidados en casa. Así que esa mujer que es madre tiene otro trabajo que aporta igual o más a la sociedad, porque estamos educando y trayendo al mundo a las generaciones futuras.
Las empresas deberían acompañar esa trayectoria de las madres y de los padres y ser flexibles. Lo que ocurre es que esa flexibilidad la acaban dando las propias mujeres de su parte retirándose del mercado de trabajo durante un tiempo o reduciendo su jornada de trabajo y pagando las consecuencias.
Las empresas deberían abrir una conversación honesta y transparente, hacer programas de onboarding específicos, permitir el trabajo flexible desde casa, la reducción de jornada sin reducción de salario, hacer aportaciones para guarderías, crear espacios para zonas de lactancia, desarrollar programas de carrera para las madres que quieran trabajar a tiempo partido o establecer ‘dual jobs’, trabajos compartidos. Además de facilitar canales para reportar casos de discriminación por responsabilidad de cuidado y garantizar el derecho a desconectar.
¿Nos cuentas sobre The Momney Project? ¿Cómo surgió y qué habéis logrado hasta ahora?
Nació como una herramienta para sensibilizar precisamente sobre ese trabajo invisible de las madres, ese trabajo doméstico que no se refleja en el producto interior bruto, aprovechando que el Banco Central Europeo iba a cambiar el diseño de sus billetes.
Trabajamos con Saatchi & Saatchi y con madres ilustradoras que han creado los diseños. Cada billete es una faceta de las madres, como organización, planificación, educación.
Es una herramienta muy visual para dar visibilidad a ese trabajo tan invisible y que tiene tanto valor.
A nivel social y educativo, ¿en qué lugar está España en cuanto al respeto, cuidado y reconocimiento de las madres?
Basándonos en los datos de España de nuestro estudio de la maternidad en Europa, diría que, aunque en España las políticas hayan avanzado, todavía hay mucho por hacer.
Vemos que, como en el resto de Europa, las madres se siguen encargando de la mayor parte de los trabajos de cuidado, trabajan fuera de casa. o no, que hay casi un la mitad
A la pregunta de si se sienten reconocidas por la sociedad, un 47% respondieron que no. Llega el Día de la Madre y les decimos que las queremos mucho, que las valoramos… pero aún hay mucho que hacer.
Más datos de la encuesta: en Europa, un 50% de madres afirma haber sufrido problemas de salud mental. En España, sube a un 57%.
Por otro lado, en Europa un 67% de las madres se siente mentalmente sobrecargadas. En España, un 78%.
Es hora de que se cuide de las madres. Y también de hablar más de los padres, hacer que se impliquen más, que abran la puerta al mundo de los cuidados y empiecen a cuidar a las madres para que su carga sea más llevadera.
¿Nos recomiendas libros, películas, documentales, pódcasts, exposiciones… que podamos ver para entender mejor el papel de las madres o las dificultades a las que se enfrentan?
El podcast Rond l’argent sobre temas financieros, muy importantes para las madres. El documental Les femmes riches ne court pas les rues.
El libro déficit de Emma Holton, sobre la economía de los cuidados.
También Matrescencia de Lucy Jones, que explica todos los cambios brutales que se producen con la maternidad y que son completamente ignorados. Por ejemplo, la vuelta al trabajo de la mujer al cabo de 19 semanas en medio de esos cambios tan tremendos que necesitan de más tiempo y más consideración.
Deberías alegrarte, de Diana Oliver, y también su otro libro Maternidades Precarias. La newsletter Le Glorieuse y el podcast de Malas Madres La Casita Podcast.

Ángela García Romero
Directora de proyectos en Make Mothers Matter

